Aeropuertos, estaciones, reencuentros, despedidas, sonrisas, lágrimas…la vida es muchas cosas, pero sobre todo es lo que tú quieres que sea. Septiembre comenzará con sabor agridulce ya que mi princesa y mi mejor amiga se alejan de mi lado dejándome helado pero con la promesa de vernos pronto. Pocas horas quedan para que me suba al avión que marcará el inició de otra etapa en la que mi mayor obstáculo será convivir conmigo mismo, con mis miedos, mis sueños y un corazón roto. Cada año me pasa lo mismo y aunque me espera en Madrid la razón de mi existencia para recoger las lágrimas que como un Formula 1 se deslizarán por mi rostro buscando sus labios, no la tendré muchas lunas conmigo. Domingo de agosto, domingo de reflexiones y tristes pensamientos. Tengo ganas. Las ganas de querer cambiar mi destino para estar con la persona a la que amo; las ganas de dormir siempre a su lado; las ganas de olvidar cómo se llora; las ganas de visitar los aeropuertos sólo para irme con ella a la playa de los enamorados; las ganas de escribir mis sueños y no mis tormentos; las ganas de compartir un amanecer eterno dibujado con nuestros besos; las ganas de que ella no se vaya; las ganas de fundirnos en un abrazo que sin decir nada lo diga todo; las ganas de regalarle un millón de estrellas para que no pierda su dulce sonrisa; las ganas de susurrarle un te quiero; las ganas de enamorarme de nuevo mientras se hace la dormida; las ganas de decirle que todo saldrá bien; las ganas de que no me eche mucho de menos; las ganas de bailar la danza de la esperanza y en definitiva… las ganas que tengo de ti.